El discreto encanto de la burguesía

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En torno a la escisión del Frente Revolucionario Marxista-Leninista

Es verdad que las fuerzas productivas, la práctica y la base económica desempeñan por regla general el papel principal y decisivo; quien niegue esto no es materialista. Pero hay que admitir también que, bajo ciertas condiciones, las relaciones de producción, la teoría y la superestructura desempeñan, a su vez, el papel principal y decisivo.

 Mao Tse-Tung

Es imprescindible una polémica franca ante todos los socialdemócratas rusos y ante todos los obreros conscientes, para esclarecer a fondo las divergencias existentes, para discutir los problemas en litigio en todos sus aspectos.

Lenin

Entre dos bandos, entre dos líneas. Como el samurái sin amo Sanjuro de la obra cinematográfica de Kurosawa que fluctúa a su parecer entre los enemistados clanes de Ushi-Tora y de Seibei en beneficio personal. Como la coprotagonista del filme Él del surrealista cineasta turolense, que oscila durante toda la película entre la acertada opción de abandonar a su celoso y despótico marido, o la insensata de continuar con él por temor y pena. Como la joven secretaria interpretada por Lee Remick en Días de vino y rosas que, enamorada de un aficionado al alcohol, es arrastrada a la bebida, y pugnará a lo largo del filme entre el calamitoso y suicida camino al que ésta le lleva o el de poner fin a su adicción.

De este modo podría resumirse la breve vida del Frente Revolucionario Marxista-Leninista (FRML), organización de la que formamos parte hasta hace unos meses cuando, tanto el colectivo de Madrid como el de Almería, nos cercioramos de que no había otro camino revolucionario más que el de la escisión. Pero antes de comenzar a diseccionar y exponer los motivos que nos llevaron a tomar la decisión de apostar por el cisma, comencemos relatando analépticamente -como si de un relato cinematográfico se tratara- los orígenes de esta organización del Movimiento Comunista. Con este comunicado, que a su vez nos sirve como carta de presentación a los distintos destacamentos que componen la vanguardia teórica en el Estado español, pretendemos contribuir al desarrollo de la lucha de dos líneas en el seno de la misma que permita deslindar campos de manera resuelta con el revisionismo y comenzar dando pequeños pasos que coadyuven a la reconstitución ideológica del comunismo, esto es, a la recolocación del marxismo-leninismo como teoría de vanguardia como paso previo a la reconstitución del Partido Comunista que propiciará el inicio de un nuevo ciclo revolucionario, poniendo las bases que nos permitan forjar esa sociedad de nuevo tipo que es el comunismo.

LA ORGANIZACIÓN

El FRML nació hace poco más de un año con unos objetivos ya harto confusos. Con cierta conciencia del momento de debacle por el que transita el comunismo en la situación actual -inundado de un “mar de siglas” de organizaciones que se autodenominaban como “el Partido”- y de que la Revolución Proletaria estaba, y está, lejos de ser algo palpable, un buen número de jóvenes comunistas de todo el Estado, muy bisoños en la concepción del mundo marxista en su gran mayoría, se juntaron y se pusieron manos a la obra para organizar lo que pasaría a denominarse Frente Revolucionario Marxista Leninista.

Durante prácticamente ese año, el FRML otorgó mayor importancia a lo cuantitativo, es decir, a la entrada y búsqueda de elementos con cierto interés en el comunismo que engrosaran las filas de dicha organización, frente a lo cualitativo, la línea ideológica y la forja de cuadros. En el apartado de formación colectiva, en cuanto a clásicos marxistas en general, apenas un puñado de simples textos que pueden contarse con los dedos de una mano fueron debatidos; y en el caso de textos que abordasen la Línea de Reconstitución en particular, meramente, bajo la guía del camarada más instruido en el marxismo en ese momento, nos dispusimos a la lectura-debate de las Tesis de Reconstitución elaboradas por el Comité Central del PCR en abril de 1996. De esta manera, dicho miembro comenzó a difundir la necesidad de llevar a cabo la empresa de reconstituir ideológica y políticamente el comunismo, no solo internamente sino también a nivel externo, a través de otros medios (redes sociales fundamentalmente) que permitieron que un buen número de personas se empezara a interesar por la necesidad de la reconstitución, “sui géneris”, sin entrar realmente a abrazar la Línea de Reconstitución como tal, y de facto entrando en confrontación con ella. Ahí quedó este asunto. Se suscitó la idea de “reconstitución” pero no la forma de llevarla a cabo bajo un plan, y al mismo tiempo se denigraba al PCR -y a otras organizaciones de lo que podemos denominar polo reconstitucionista– con el calificativo de “monasterio rojo”. Mientras tanto, continuaba la entrada indiscriminada de militantes de dispares líneas ideológicas a los que no se sabía muy bien hacia dónde guiar y de los que se descuidaba su trabajo, dando vía libre al desarrollo de concepciones revisionistas en el seno de la organización.

Esta cuestión nos trae a la memoria, dentro de las lógicas y claras diferencias, la polémica fundamental en el seno del II Congreso del POSDR, en torno al artículo 1 de los Estatutos sobre la forma de organización y la consideración de militantes, que cristalizó en la división entre la “mayoría” (bolcheviques) y la “minoría” (mencheviques). La fracción iskrista seguidora de los postulados de Martov tenía una concepción masista del partido, que abría las puertas a cualquier persona que se denominara comunista, con lo que se daba entrada en sus filas a todo tipo de elementos oportunistas y vacilantes. El comunista húngaro Georg Lukács sintetizaría dicha concepción de la siguiente manera:

“Dicho partido [la fracción menchevique] se transforma él mismo en una masa poco clara de grupos cuyos intereses difieren, en última instancia, entre sí” (1)

Si bien entendemos que dicha cuestión, en la tesitura actual en la que se encuentra la vanguardia no es en absoluto crucial, sí que es preciso atenderla en la medida en que el FRML basaba casi por completo su trabajo en el mencionado modelo martoviano. Así pues, pese a la distancia histórica y las notables diferencias entre ambos ejemplos, el problema que subyace es en esencia el mismo: la creación de un modelo de organización ecléctico y conformista para con sus militantes, consecuencia al fin y al cabo de la supeditación del aspecto ideológico al organizativo, basado en la prioridad de la unidad frente a la lucha, en la mera fijación en el aumento cuantitativo, asunto en torno al cual gravitaba en gran medida la actividad de la organización, como hemos apuntado.

No obstante, queremos dejar claro, de modo que no lleve a confusión, que en absoluto proponemos que solo se deban aceptar como “válidos” a camaradas que posean ya un elevado grado de formación, despreciando al resto, como si acaso no considerásemos la potencialidad de transformación de cada sujeto, abrazando así el materialismo vulgar. Lo que en cambio sí estimamos es que atraer por atraer -como si esto fuera un frente político de masas, valga la redundancia con la denominación de la propia organización- cuando una vez dentro de la organización ciertos elementos -no pocos- no tenían intención alguna por desarrollar su formación, es absurdo y no haría más que retrasar nuestras tareas. Es sencillo comprender el porqué de nuestro rechazo a tener que cargar con piedras en la mochila que no supondrían más que rémoras en el camino hacia la consecución de las tareas que requiere el momento en el que nos encontramos. Este tipo de políticas masistas e inconscientes riñen con la concepción dialéctica materialista del mundo: la transformación del estado material actual provendrá del cambio cualitativo y consciente de las cosas (la formación de cuadros y la lucha de dos líneas, priorizando la lucha frente a la unidad en el proceso general de unidad-lucha-unidad, en lugar de la simple captación de masas, que solo fija su mirada en uno de los aspectos de la contradicción). Como parte de la vanguardia teórica y siendo nuestra función la reconstitución ideológico-política del comunismo, la adopción de esta concepción cualitativista es primordial para ejercer las tareas de reconstitución, y fundamental el abandono de toda política masista y cuantitativista.

Debido al rechazo por parte del susodicho camarada -y nos referimos a él en particular puesto que era el único que por aquel entonces había leído los documentos fundamentales de la línea revolucionaria – al plan que supone la Línea de Reconstitución, comprendido esencialmente en la Nueva Orientación, para la necesaria constitución del proletariado revolucionario, se pretendió elaborar un Plan propio para solucionar la línea espontaneísta dominante en la organización. Dicho plan, del que más adelante volveremos a hablar, se basaba a grandes rasgos en la realización en unos pocos meses del Balance del Ciclo de Octubre. Hoy día suponemos que el objetivo del mismo sería el de la elaboración de la Línea General, esto es, la línea más abstracta de la Revolución Proletaria Mundial, de las leyes del movimiento revolucionario. Y decimos “hoy día” puesto que, como decíamos, en esos momentos prácticamente solo el camarada en cuestión conocía el contenido de la Nueva Orientación y otros documentos de la Línea de Reconstitución.

Mediante este Plan, el mencionado camarada llegaba a considerar que el FRML abandonaría así la anterior táctica-proceso (2) a la que se había sometido a la organización durante tanto tiempo -en cierta medida, lógico-. Por supuesto, esto sería combinado con un “trabajo práctico” basado en el aumento cuantitativo de la organización, el trabajo en asambleas y el reparto de panfletos dirigidos a ningún sector concreto de la vanguardia ni de las masas, sino a “todos en general”. La línea sindical de masas de la organización la abordaremos más adelante.

Dicho camarada nos llegaría a decir, cuando varios camaradas presentamos nuestra disconformidad, que:

“La formación debe estar orientada hacia alguna meta, pero a esa meta no se llega solo con formación teórica, es por ello por lo que vemos necesario compaginar el estudio teórico, con el PGT [Plan General de Trabajo] y con el trabajo práctico. ¡Oh, Dios, cuánto trabajo, no acabaremos nunca! será la respuesta de más de uno.” (3)

Lo que vendría después de dicho PGT – que por cierto no tardó demasiado en comprobarse sus nefastos resultados, debido a la escasa formación de muchos colectivos provinciales para dicha tarea – no estaba planeado. Se iría “comprobando con la práctica”, yendo a la zaga de las circunstancias, dando nula capacidad de actuación al elemento consciente, y apostando en última instancia por el positivista “ensayo-error” más propio de Popper que de Marx (no olvidemos, por cierto, el punto de partida racionalista de éste), considerando de facto que solo podríamos adquirir conciencia de las cosas más que por medio de lo que experimentamos, del hecho mismo ya dado, negando la capacidad racional de abstraernos de la realidad, analizándola desde un plano más elevado:

¿De qué manuales íbamos a extraer las claves organizativas cuando intentamos hacer algo nuevo? [Esta concepción se arrastraba no solo en la cuestión organizativa]

De ninguno, le pese a quien le pese, debemos pasar la “amarga” experiencia de errar mucho para acertar. (4)

El empirismo del que se hace gala en el terreno teórico no tiene otra plasmación posible en la práctica que la de la postración ante el movimiento espontáneo, actuando como mera retaguardia suya y el economicismo. Solamente se concibe a las masas en su aspecto cuantitativo y dentro de su movimiento económico, al que hay que intentar liderar y no en su aspecto cualitativo y revolucionable. Esta concepción obrerista se niega a abstraerse de la reducida esfera sindicalista, que no alcanza más que a la autoconservación y reproducción de su posición de clase dominada, y a ahondar en la totalidad de la faceta política de la clase, precisamente en donde se despliega el conjunto de intereses más profundos del proletariado. Se acaba con toda posibilidad de elaborar un plan consciente y de revolucionar las contradicciones internas de la clase desde la misma conciencia. Se olvida que nuestro movimiento debe partir siempre de ella, que debe ponerse la ideología al frente del proceso y no relegarla veladamente a un segundo plano. Por esto mismo es por lo que el momento actual requiere unas tareas de carácter principalmente teórico de las que nuestros antiguos camaradas no eran plenamente conscientes. Cabe decir además que aquella concepción tacticista y holista, de pretender realizar todas las tareas a la vez, nos recuerda bastante al modelo planteado por la Línea oportunista de derecha del PCR – y como iremos viendo las similitudes entre ambos colectivos son curiosamente más que evidentes -. De esta manera, la LOD del PCR señalaba:

“Preparemos la fusión con el movimiento obrero en sus más variadas manifestaciones, a la vez que proseguimos las tareas teóricas: estudio de las clásicos, balance de la experiencia histórica, aprendizaje de las ciencias, especulación filosófica, etc.” (5)

Esto se basa en la falta de conciencia de la necesidad de un plan estratégico y lo que éste implica. Es ahí donde vemos nosotros la tarea fundamental de la Nueva Orientación, a la que no consideramos como pretenden hacer ver nuestros antiguos camaradas como “la nueva Piedra Rosetta del socialismo científico” (6) ni ningún Corán o Biblia a la que rendimos fundamentalista adoración y pleitesía, sino, como el mismo PCR consideraba, una “guía para la acción”, un plan político en torno a las exigencias objetivas de la lucha de clase del proletariado y un método que contiene, en base al tan requerido “análisis concreto de la situación concreta” leninista que con tanto ahínco repetían nuestros antiguos camaradas, las premisas necesarias para establecer las bases ideológicas y políticas que nos permitan volver a recomponer el Partido Comunista y la subsiguiente Guerra Popular que dé inicio a la guerra de clases abierta contra la burguesía, agudizando hasta su máximo exponente el antagonismo entre clases, con cada una de las fases necesarias para la consumación de dicho proyecto revolucionario, significando cada una de ellas un salto cualitativo respecto a la anterior. Actualmente vivimos en un periodo de absoluto repliegue revolucionario, de impasse ideológico y de raquitismo político. La teoría revolucionaria ha sido completamente liquidada por el revisionismo fruto del desgaste sufrido durante el pasado Ciclo que abrió la Revolución de Octubre. Aplicando el materialismo dialéctico, sabemos que las contradicciones externas actúan sobre la base de las internas, y que son las internas la causa fundamental del desarrollo de las cosas: entendemos, por tanto, que fueron fundamentalmente las deficiencias teórico-prácticas del propio marxismo las que acabaron liquidándolo y abriendo la puerta al estado actual de descomposición del MCI y dominio omnímodo del capital. La teoría que para entonces sirvió para poner en marcha la Revolución Proletaria Mundial, ya no es suficiente; fue el propio anquilosamiento de la misma lo que nos ha traído hasta la funesta derrota de la Revolución Proletaria. Verlo de otro modo es pretender transformar lo dialéctico en inerte, es cerrar los ojos ante una realidad histórica de victoria y absoluto dominio de la burguesía respecto al ya viejo paradigma forjado durante el pasado ciclo, es el vencimiento y la claudicación inconscientes frente a la clase dominante, es preferir mantener esa ceguera romántica y dogmática en oposición a la aplicación del marxismo al propio marxismo, y no hay mayor crimen para el que se dice comunista que pretender seguir encadenando al proletariado a los grilletes a los que se encuentra sometido. Ante dicha realidad, y partiendo del dictum leniniano “sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario”, se impone ante los comunistas la tarea de la recomposición ideológica del comunismo desde la lucha de dos líneas en torno al Balance del Ciclo de Octubre y la Línea General, y la fagocitación ideológica del resto de alternativas que tienen hegemonizado el movimiento obrero, como paso previo e indispensable a la reconstitución política.

LÍNEA SINDICAL DE MASAS

Uno de los problemas acuciantes en el FRML, como creemos que era ostensible para el resto de la vanguardia, era la falta de una línea ideológica definida y de posicionamiento respecto a la Línea de Reconstitución. El modelo organizativo y político de la organización, que subordinaba lo ideológico y consciente a lo espontáneo y “práctico”, trajo consigo, como señalamos, un continuo ingreso de militantes de diversas líneas ideológicas, descuidándose casi por completo el trabajo teórico, lo que ocasionó que se fueran conformando colectivos provinciales en todo el Estado con dispares líneas entre ellos -incluso en el seno de los mismos- . Luego no era de extrañar que los militantes que decidían abandonar la organización comenzaran cada uno de ellos a militar en distintas organizaciones revisionistas del Movimiento Comunista del Estado español (MCEe), reflejo de la mencionada heterogeneidad de líneas ideológicas no enmendadas. Ejemplo de ello es que tenemos antiguos camaradas que pasaron a formar parte concretamente del PCE, PCPE, RC, IC o Kimetz, entre otras.

De este modo, mientras unos colectivos seguían con el susodicho “trabajo de masas” como lo principal, relegando la formación a un aspecto secundario, otros dedicamos más tiempo a la instrucción y al estudio de la Línea de Reconstitución (especialmente a la Nueva Orientación). Los tres colectivos provinciales que nos dedicamos a centrarnos en la citada línea fuimos: Madrid, Almería y Sevilla. Tras una breve disputa ideológica respecto a la Nueva Orientación en particular, y al FRML en general, entre el ya varias veces mencionado camarada – que tenía hegemonizada a gran parte de la organización – y los representantes de esos tres colectivos, el colectivo de Sevilla decidió escindirse por completo. No obstante, los colectivos de Madrid y Almería, junto a algunos camaradas de Bilbao – que a decir verdad se unieron más por la cuestión organizativa que por la ideológica -, nos dispusimos a ejercer la lucha de dos líneas con la otra camarilla de la organización, con la propuesta de un cambio de base en el FRML. De facto conformamos una fracción.

Coincidiendo con la celebración de las Marchas de la Dignidad del 22 de Marzo, aprovechamos para presentar nuestro plan de transformación radical, es decir, desde la raíz, del FRML. Con aquel, a grandes rasgos, se pretendía la construcción de cuadros principalmente en base a textos de organizaciones del polo reconstitucionista y clásicos marxistas, supeditando a su vez lo organizativo en función de la definición precisa de la línea ideológica. No obstante, la repulsa del citado camarada y sus adláteres a la misma, centrándose el primero más en ataques de índole personal que en la propia propuesta, provocó, poco más tarde, que el intento de unidad ideológica, en cuanto a la Línea de Reconstitución, se resolviera en su contrario, la escisión. No nos vamos a centrar, como haría alguno de nuestros antiguos camaradas, en cuestiones de carácter personal. Respecto a eso, solo añadiremos las siguientes palabras de Mao:

La crítica dentro del Partido es un arma para fortalecer sus organizaciones y aumentar su capacidad de combate. Pero (…) la crítica a veces adquiere otro carácter: se convierte en ataque personal. A consecuencia de ello, son perjudicados tanto los individuos como la organización del Partido. Esta es una manifestación de individualismo pequeñoburgués. El método de rectificación es ayudar a los miembros del Partido a comprender que la crítica tiene por objeto aumentar la capacidad de combate del Partido a fin de lograr la victoria en la lucha de clases, y que no debe ser utilizada como instrumento para ataques personales. [7]

Tras cierto tiempo de controversia entre los colectivos escindidos, y la negativa de los camaradas de Bilbao participantes en la citada propuesta a abandonar el FRML, los destacamentos de Madrid y de Almería hemos decidido organizarnos partiendo de la unidad ideológica respecto a la Reconstitución, pasando a denominarnos Nueva Dirección Revolucionaria.

Respecto al FRML, es preciso señalar que la no definición de una línea ideológica concreta no quiere decir que no se tuviera línea. Si bien nuestra antigua organización trataba de despegarse del practicismo dominante en el Movimiento Comunista, el pavor a caer en el intelectualismo, al “aislamiento” de las “masas”, hizo que se acabase inclinando hacia lo primero.

De la escisión entre el trabajo manual e intelectual no podemos dejar ápice en pie, nuestra lucha debe ser en contra del asentamiento de esta división, en contra de su profundización y en contra de aquellos que justifican dicha división. De vez en cuando hay que mandar a los intelectuales al campo y a los campesinos a la universidad. [FRML] [8]

De este modo, se llegó a proponer que las tareas para la “formación práctica”, y así no deslindarse del no adecuado trabajo asambleario hasta entonces realizado, era la de “Ganar una asamblea”:

Es habitual el trabajo en asambleas, por su carácter abierto en temática y participantes suelen ser un terreno de trabajo sencillo. Esencialmente debemos conseguir ganarnos a una asamblea teniendo en cuenta que:

– Debemos conocer el origen social de los miembros mayoritarios, edad, estudios, actividad actual, inclinaciones políticas, etc…

– Debemos saber ajustar el discurso de forma que sea asequible a la mayoría y al mismo tiempo eleve el nivel de la mayoría, debemos mantener una relación apropiada entre elevación y popularización.

– Debemos tener la capacidad de comunicarnos con la asamblea, tener una forma clara de hablar y convincente. Debemos también ligar el convencer con el hacer ver. (9)

Es cuanto menos interesante comprobar cómo la camarilla reaccionaria del FRML adolecía de prácticamente las mismas desviaciones derechistas de la LOD del PCR:

[FRML] Le pese a quien le pese, la política no se aprende en los libros ni en las conferencias, se aprende en los bares, en las discusiones, en la calle, en las manifestaciones… no se puede saber cómo tratar a las masas, como comunicarse con ellas si uno se separa de su actividad diaria y la desconoce, si uno no ha hablado con ellas lo suficiente como para conocerlas mejor que a uno mismo. (10)

[PCR a su LOD] “Para el oportunismo de derecha, conservador y mentecato se trata de “emprender la transformación práctica de las relaciones familiares, ganando apoyos y militantes para la causa”.

(…) Lo que durante un tiempo se manifestó como una exageración en la consideración del papel de las relaciones personales y del entorno más inmediato (comunitarización), se ha presentado, por fin, abiertamente y sin máscara, mostrando lo que realmente ocultaba: una rectificación total de la línea política que el partido ha ido desarrollando desde su fundación, la liquidación de esta línea y la apostasía más desvergonzada de los resultados del trabajo realizado, hasta abominar del marxismo leninismo. (…) Bajo la apariencia de la defensa de la tesis marxista de la práctica como criterio de verdad, los liquidadores introducen, en realidad, la tesis revisionista de las masas como criterio de verdad” (11)

No deja de ser curioso cómo la historia se vuelve a repetir, comprobando que las analogías entre ambas organizaciones son más que evidentes, no ofreciendo nada nuevo en esencia más que la farsa, reafirmando el conocido aforismo de Marx, y de ahí nuestra insistencia en la comparación. Asimismo, la fracción derechista incurría en muchos de los errores del PCR en sus Tesis de Reconstitución, como el propio partido afirma, subsanados con la Nueva Orientación. No por nada se nos decía, cuando algunos planteábamos el estudio de la Nueva Orientación, que “con las Tesis es suficiente”. El FRML, pese a que comprendía la necesidad de conquistar la vanguardia ideológica para el comunismo, no establecía los métodos para ello, con sus políticas ‘masistas’, y tampoco era capaz de discernir la importancia de su imprescindible reconstitución “desde arriba” y desde la ideología, desdeñando la necesaria delimitación de sectores concretos a los que dirigirnos de manera concéntrica y los instrumentos necesarios para la fagocitación de los mismos. La Nueva Orientación nos permite comprender las necesarias mediaciones dialécticas que hay que establecer para ir avanzando hacia la reconstitución del Partido Comunista – teniendo en cuenta que éste es en sí mismo un conjunto de mediaciones -. De esta manera, antes de pasar a la conquista de la vanguardia práctica (sectores más avanzados en las luchas de resistencia contra el capital), es imperioso ganarse para la vanguardia a los sectores más cercanos a las problemáticas que plantea la inexcusable reconstitución ideológica del comunismo, aplicando una línea de masas concreta a cada círculo de la vanguardia teórica, subsumiendo y revolucionando paulatinamente cada uno de ellos, a cada cual más amplio, en torno a la Línea de Reconstitución, desde la lucha de dos líneas, y poder así volver a reubicar el marxismo-leninismo como teoría revolucionaria de vanguardia del proletariado. Resueltas las premisas ideológicas y políticas necesarias, y traducida la Línea General en Línea Política, esto es, la integración de la “verdad universal del marxismo-leninismo con la práctica concreta de la revolución” (12) de nuestro país, como diría Mao, pasaremos a la pugna por los sectores del proletariado más avanzados en sus luchas espontáneas, y la cristalización de dicha LP en un Programa revolucionario que, en función de las reivindicaciones concretas de las masas, se oriente al ejercicio de su dictadura de clase. Dicha conquista se realiza a través de organismos generados en los frentes de masas que posibilitan la transformación de la conciencia burguesa (en sí) de la vanguardia práctica en revolucionaria (para sí), escindiéndose del resto del reaccionario movimiento obrero y fundiéndose con la vanguardia teórica, ya portadora de la cosmovisión proletaria, en un todo superior e indisoluble.

Tomando como ejemplo la experiencia del Partido Comunista del Perú (PCP), su proceso de Reconstitución comenzó a mediados de la década de los 60 a través de un agudo proceso de lucha de dos líneas en el seno del partido: ora contra los prosoviéticos liderados por Jorge del Prado primero, ora contra la línea derechista de la fracción tengshiaopinista Patria Roja, el liquidacionismo de derecha de la camarilla de Saturnino Paredes o el oportunismo de izquierdas del “grupo bolchevique”, después. Conquistada la vanguardia por la línea proletaria, el PCP comienza a estrechar profundos lazos con la vanguardia práctica, esencialmente a partir del III Pleno del Comité Central en 1973, creando organismos generados (Movimiento Femenino Popular, Frente Estudiantil Revolucionario o el Movimiento de Campesinos Pobres, entre otros), Escuelas populares, donde politizaban a las masas y revolucionaban su conciencia, y la Coordinación metropolitana en las ciudades. (13)

Cabe añadir solo que el propio Lenin en El izquierdismo: enfermedad infantil en el comunismo, fabulosa síntesis de la estrategia y táctica bolchevique, nos recuerda que no es posible ganarse a las masas sin haber conquistado ideológicamente antes a la vanguardia para el comunismo:

La vanguardia proletaria está conquistada ideológicamente. Esto es lo principal. Sin ello es imposible dar ni siquiera el primer paso hacia el triunfo. Pero de esto al triunfo dista todavía bastante. Con sólo la vanguardia, es imposible triunfar. Lanzar sólo a la vanguardia a la batalla decisiva, cuando toda la clase, cuando las grandes masas no han adoptado aún una posición de apoyo directo a esta vanguardia, o al menos de neutralidad benévola con respecto a ella, que la incapacite por completo para defender al adversario, sería no sólo una estupidez, sino además un crimen. Y para que en realidad toda la clase, las grandes masas de los trabajadores y de los oprimidos por el capital lleguen a ocupar semejante posición, son insuficientes la propaganda y la agitación solas. Para ello es necesaria la propia experiencia política de estas masas.” (14)

Efectivamente, analizando la experiencia bolchevique y extrayendo sus elementos universales, para la constitución del Partido de Nuevo Tipo fue primero necesaria una perseverante e inclemente lucha ideológica contra todas las corrientes burguesas, en sus distintas y sucesivas modalidades, ya sea el populismo, el marxismo legal, el economicismo o el menchevismo, lo que les permitió deslindar campos con el revisionismo y poder así estrechar lazos con las masas durante la Revolución rusa de 1905. De semejante manera, aunque cualitativamente superior, fue el proceso de reconstitución del POSDR (b), que podemos acotar entre 1908 y 1914. Así, tras el declive de la Primera Revolución (1906-07), culminada con el golpe de Estado del sanguinario Primer Ministro Stolypin que disuelve la II Duma -en la que participaron los bolcheviques-, surgieron una serie de corrientes oportunistas, ya sea de izquierdas (oztovismo y ultimatismo), de derechas (liquidacionismo menchevique) o conciliadoras (trotskistas o mencheviques partidistas), contra las que los bolcheviques leninistas tuvieron que desatar una tenaz lucha de dos líneas, cristalizando en la VI Conferencia del (aún) POSDR en Praga. Es entonces cuando se consuma la ruptura orgánica con el resto de fracciones, deslindándose Lenin definitivamente de las viejas ilusiones de “unidad”, y supone el paso a la conquista de los sectores de la clase más avanzados en el proceso de reconstitución política del bolchevismo (1912-14).

TEORÍA Y PRÁCTICA

“La premisa fundamental del materialismo dialéctico que la materia es lo principal y la conciencia lo secundario, es decir, que la conformación de las ideas parte de la materia y no la materia se conforma en base a las ideas de nuestra cabeza”. (15)

Formidable. Es fantástico cómo nuestros antiguos camaradas de un plumazo reducen la dialéctica materialista al burdo materialismo burgués. Leemos atónitos cómo para nuestra camarilla derechista “la premisa fundamental del materialismo dialéctico” es que “la materia es lo principal y la conciencia lo secundario”. ¡Abajo el marxismo, retomemos a Feuerbach! parecen exclamar. La fuente de dicha concepción se encuentra en una burda lectura de obras cumbres de autores como Lenin o Engels, que se refiere a la confrontación entre materialismo -no dialéctico- e idealismo. (16)

Bien ha de decirse que esta concepción errada del materialismo dialéctico que tienen nuestros camaradas, presente en la mayoría del MCI, no es algo de extrañar, teniendo en cuenta que la mayoría de controversias que realizaron las grandes figuras del marxismo no tuvieron más remedio, pues esas eran las circunstancias históricas que se dieron, que efectuarse desde posiciones más propias del radicalismo burgués que del marxismo, es decir, desde el materialismo vulgar (que se reduce a considerar la conciencia como un mero “reflejo de la materia”) para combatir a la corriente idealista, lo que llevó a la consolidación de un paradigma positivista durante el pasado ciclo revolucionario.

Lo que no conciben nuestros feuerbachianos es que la esencia del materialismo dialéctico es concebir la propia materialidad como algo subjetivo, y la misma conciencia como una forma de materia (17). Es decir, que la conciencia y el ser forman parte de una misma unidad dialéctica y que se determinan mutuamente. La no comprensión de la conciencia como aspecto subjetivo de la práctica nos llevaría a una concepción burguesa del saber como algo separado de la práctica, y no en unidad orgánica. A pesar de la insistencia de nuestros antiguos camaradas en no escindir la teoría de la práctica, partiendo como a ellos les gusta decir de que “lo que importa son los hechos”, el FRML de facto realizaba un completo divorcio de teoría y práctica, es decir, no concebía la teoría como una síntesis de la práctica social histórica de la lucha de clases, y la práctica conscientemente planificada en cuanto a las actuales necesidades de la teoría. Como hemos ido viendo, nosotros planteamos las tareas prácticas actuales, durante la reconstitución ideológica, en cuanto a las necesidades de construcción de la vanguardia; y estableciendo los vínculos con la vanguardia práctica a través de organismos generados principalmente, en la fase de reconstitución política. Todo ello concibiendo a su vez estas categorías como dialécticas, en su inmersión en la realidad actual de la clase y de su lucha y no como si de conceptos vacíos y aislados del mundo se tratara, es decir, que no existe una división absoluta entre los elementos u organizaciones que forman parte bien de la vanguardia teórica o bien de la vanguardia práctica, sino que, en realidad, una buena parte de aquellos son una y la misma cosa. Del mismo modo, siguiendo con la ligazón de teoría y práctica de acuerdo a la fase del proceso revolucionario en el que nos encontremos, una vez dotados de Partido de Nuevo Tipo, e iniciada de inmediato la Guerra Popular, todo el trabajo de masas se realiza en y para la Guerra Popular hacia la conquista del Poder, militarizando el Partido Comunista con la construcción concéntrica de los tres instrumentos de la revolución (Partido, Ejército y Frente-Nuevo Poder).

La incomprensión de las ineludibles tareas actuales que se nos imponen a la vanguardia llevó a nuestros antiguos camaradas a rechazar la escisión en términos prácticos del movimiento obrero espontáneo, por miedo a no caer en el teoricismo:

“La concepción estrictamente escalonada lleva, a fin de cuentas, por mucho que se “admita” la necesidad de la práctica (que en ocasiones llega al ridículo de presentarse práctica como lectura de libro, cuestión que no se escapa de la “práctica teórica” en términos althusserianos), a la escisión entre teoría y práctica mediante una comprensión errada de la teoría leninista de la escisión-fusión respecto al movimiento espontáneo-sindical (en el sentido de ausencia de una cosmovisión superior y no en términos organizativos).

El proceso leninista de “escisión-fusión” no comprende la escisión como separación del movimiento no-consciente de las masas, sino como ruptura de las premisas ideológico-políticas de dicho movimiento para alcanzar un análisis superior de las condiciones de liberación de la humanidad y en primer lugar del proletariado en tanto clase social históricamente conformada para dicha tarea. La idea de ruptura con el movimiento en términos prácticos lleva al aislamiento, a la ineptitud política y a la imposibilidad futura de toda pretendida fusión con el movimiento para su elevación y asimilación de la teoría revolucionaria en los términos necesarios para la dirección de un proceso evolucionario.

(…) Deberíamos tener especialmente cuidado en no caer en trampas teoricistas de perpetuación indeterminada del estudio teórico, por incapacidad de trascender ese aspecto y por comodidad.” (18)

Cabe decir que los marxistas revolucionarios somos totalmente reacios al teoricismo, ni pretendemos ejercer ninguna “práctica teórica” o científica althusseriana (19). Es decir, mientras ésta concibe la práctica en relación externa con la comprensión del mundo, los comunistas rechazamos toda epistemologización del marxismo, es decir, cualquier comprensión del mismo que priorice el conocimiento a la transformación, que no conciba el conocimiento como instrumento para revolucionar el mundo, que signifique la disociación, dualización, del aspecto gnoseológico del marxismo con el ontológico. No consideramos, como pudieran pensar nuestros antiguos camaradas, que la revolución se vaya a producir en “los dominios del pensamiento puro”, como diría Marx burlándose de los jovenhegelianos alemanes, llamando a la rebelión “contra la tiranía de los pensamientos” (20). La teoría no se va a desarrollar en el mero campo intrateórico, y es por ello que la vinculamos siempre a una línea de masas concreta. No obstante, nuestros antiguos camaradas nos replican:

Aquello que solemos denominar “línea de masas” no puede ser un ejercicio teórico, sino que necesariamente debe ser derivado de la realidad material del movimiento en sus diferentes aspectos. (21)

Lo que la vieja camarilla del FRML no concibe, aludiendo además a la maoísta “de las masas a las masas” para defenderse de las acusaciones practicistas, es que el propio concepto de masas no es algo perpetuo, inmutable, sino dialéctico, que va cambiando de acuerdo a las circunstancias. El propio Lenin, en el III Congreso de la Komintern, nos recuerda que:

“Llevo hablando demasiado tiempo; por eso, sólo quisiera decir unas palabras sobre el concepto de ‘masas’. El concepto de ‘masas’ varía según cambie el carácter de la lucha. Al comienzo de la lucha bastaban varios miles de obreros revolucionarios para que se pudiese hablar de masas (….). Durante nuestras revoluciones hubo casos en que unos cuantos miles de obreros representaban la masa (…). Cuando la revolución está ya suficientemente preparada, el concepto de “masas” es otro; unos cuantos miles de obreros no constituyen la masa (…). En determinados momentos, no hay necesidad de grandes organizaciones.” (22)

En dicho Congreso la Internacional Comunista asociaba la noción de masa con la mayoría de la clase obrera, y en un momento de necesaria conquista de las amplias masas para el comunismo, adoptaron la conocida táctica del Frente Único. Ésta a grandes rasgos, sin entrar en las consecuencias que tuvo, consistía en incorporar a la lucha de clases “a una masa de obreros cada vez mayor” yendo al lugar donde se aglutinaban (que en ese momento eran los sindicatos) sin rechazar la acción conjunta con los reformistas, aunque con el objetivo de que la clase obrera se diera cuenta, a través de su propia experiencia, de la necesidad de la dictadura del proletariado.

No obstante, en el actual periodo de reflujo revolucionario, careciendo el proletariado de independencia ideológica y política como clase, incapaces de influir en el movimiento obrero y huérfanos de teoría revolucionaria, las masas no pueden ser las mismas que entonces. Por ello nuestra línea de masas se dirige esencialmente a la vanguardia teórica, con el fin de volver a colocar al marxismo-leninismo en su posición de ideología hegemónica como corriente del movimiento obrero a través de la lucha de dos líneas, recomponer la vanguardia, y poder así estrechar lazos con aquellos sectores más avanzados del proletariado espontáneo. ¿Existe acaso algo más práctico en la actualidad?

Sin embargo, volviendo a la cuestión de la vinculación del ser y la conciencia en el marxismo, somos conscientes de que estamos en un momento prepartidario (burgués), de cierta necesidad de comprensión y racionalización de la realidad. Como decía Marx, “lo primero que hay que hacer es comprender ésta [la realidad] en su contradicción y luego revolucionarla prácticamente eliminando la contradicción” (23). Al estar incapacitados aún de desplegar la praxis revolucionaria que transforme el mundo, pues carecemos de Partido de Nuevo Tipo que la desarrolle, no podemos actualmente más que desenvolvernos en el terreno de la crítica revolucionaria (crítica marxista de la realidad, consciente de la necesidad de la praxis revolucionaria y dirigida hacia ella), lo que supone cierta desvinculación del ser y la conciencia; si bien podemos y debemos revolucionar un reducido grupo de conciencias, aún no podemos transformar la realidad en sí misma, para lo cual es necesaria la constitución del proletariado revolucionario. Una vez dotados de una auténtica crítica revolucionaria, esto es, teoría de vanguardia en términos leninianos, podemos pasar a la fusión con el movimiento obrero, con el ser social, que significa la recuperación de la vieja praxis y su transformación en una nueva, cualitativamente superior (praxis revolucionaria). Dicha fusión se materializa en el proletariado revolucionario, es decir, en el Partido Comunista, esa “forma superior de unión clasista de los proletarios” que diría Lenin, esa cadena de eslabones que enlazan la vanguardia y los sectores más conscientes del movimiento obrero, fundidos en un todo único y superior, organizados en torno a la ideología revolucionaria.

UNA “NUEVA” AMENAZA

Como apuntábamos al principio con los paralelismos cinematográficos, en el FRML se materializó la pugna entre la vieja línea caduca, en completa bancarrota, que aún se resistía a ser abandonada, y la nueva, la que apuesta por desatarse de manera resuelta del pragmatismo dominante en el movimiento comunista, la que parte del elemento consciente, de la ideología proletaria, que comprende que nos hallamos actualmente ante unas problemáticas que deben ser resueltas principalmente desde la teoría, a partir de todo ese bagaje histórico que nos ha legado el pasado siglo de revoluciones proletarias; que entiende que construimos desde la vanguardia, y no desde abajo, no desde los intereses inmediatos y estrechos de las masas hondas; que es consciente de que el quid, como decía Stalin -tomando como fuente a Marx y a Engels- se basa en que “los ideólogos impulsan adelante, y precisamente por ello la idea, la conciencia socialista, tiene gran importancia para el movimiento” (24).

El FRML, vacilando entre la línea revisionista y la revolucionaria que defiende la Línea de Reconstitución, ha abrazado de este modo el centrismo, que rehúye y teme romper de manera clara con la ideología reaccionaria, tratando de eludir la cuestión acerca de la Nueva Orientación, arguyendo el insuficiente debate interno y estudio sobre la misma, perdiéndose en los detalles y evitando ir a la raíz del problema, aplazando la clarificación ideológica para “más adelante”. Hemos de aclarar que esta posición tiene su base social en la pequeña burguesía, esa clase inestable que trata de alinearse con una u otra clase (la proletaria o la burguesa), de acuerdo a las circunstancias por las que atraviesa, ya sea, por ejemplo, en época de “bonanza” económica o de crisis de la burguesía. Del mismo modo, nuestros antiguos camaradas se tambalean con astucia de un lado a otro entre las posiciones revolucionarias y las reaccionarias, pues bien saben que un posicionamiento franco respecto a la cuestión de las tareas actuales de los comunistas, esto es, las encuadradas en documentos como la Nueva Orientación, les acarrearía una polémica que, seguramente, no les colocaría en buen lugar respecto a los marxistas revolucionarios, los que defienden la Línea de Reconstitución, es decir, los que, cuanto menos, se acercan más a la línea verdaderamente revolucionaria. Así pues, la vieja camarilla del FRML, no dejando por supuesto de apelar al marxismo-leninismo, rechaza el debate abierto y directo acerca de las cuestiones fundamentales que se han puesto encima de la mesa desde los últimos años, las de la reconstitución ideológico-política del comunismo, por lo que su aparente lucha contra el oportunismo queda vacía de contenido, resguardándose en los meros detalles y no en el contenido fundamental. Con esta posición centrista el FRML lo que consigue no es más que, desvirtualizando el contenido de la Línea de Reconstitución, acercar a un buen número de elementos interesados en la necesidad de la reconstitución a una concepción errada de la misma y poner cierto freno a la actual avanzadilla -relativa- por la que está pasando la misma, la cual, cabe mencionar, está obligando a ciertas organizaciones revisionistas del MCEe a tenerla en cuenta, e incluso como hemos podido comprobar hace no demasiado tiempo, a utilizar sus propios conceptos, claro está adulterándolos, como hace, por ejemplo, la organización Reconstrucción Comunista (25).

Nada debe extrañarnos a los comunistas esta actitud. Podemos recordar, por ejemplo, las burlas de Lenin hacia el kautskismo centrista al afirmar el adalid del mismo que la cuestión del imperialismo “no ha sido suficientemente estudiada”, centrándose en pormenores, esquivando el posicionamiento ideológico y político, adhiriéndose así -aunque de manera sutil- al socialchovinismo que hegemonizó la II Internacional. Acertadamente le respondía el líder bolchevique que renunciar a defender la verdadera postura internacionalista, cuando los fundamentos de ésta habían sido ya expuestos en “millones de ejemplares de periódicos”, y teniendo en cuenta además que el estudio del imperialismo en todos sus aspectos no estaba más que comenzado y que nunca sería estudiado “hasta el fin en todas las manifestaciones”, era postrarse ante los reaccionarios. (26)

El centrismo ha estado presente durante los albores del pasado ciclo. Podemos recordar también, por otro ejemplo, el posicionamiento del siempre vacilante Trotsky en el seno del II Congreso del POSDR, cuando adoptó una actitud de “centro” respecto a la cuestión de la dictadura del proletariado, que, por cierto, le sirvió para ir poniendo las bases de lo que a partir de 1905 sería la tan famosa como errada y voluntarista “teoría de la revolución permanente”.

No hace falta que retrocedamos hasta principios del siglo pasado para ver las consecuencias del desarrollo del centrismo. Más reciente aún es la experiencia del ya en plena bancarrota Movimiento Revolucionario Internacionalista. El MRI, nacido en 1984 con el fin de dotar a los maoístas de una organización internacional, sufrió en sus propias carnes el peligro del centrismo. En esos momentos, el desarrollo de la Guerra Popular en Perú sirvió como palanca para la fragua en su interior de una línea revolucionaria. No obstante, fundamentalmente a partir de los trágicos sucesos de principios de los años 90 que pusieron fin a la guerra civil revolucionaria del PCP, se fue desarrollando en el seno del MRI la línea centrista que acabó liquidándolo. Así pues, fue en el PCR, EU de Avakian, principalmente desde del año 2000, donde se materializó esa corriente reaccionaria, que al tratar de conciliar con el revisionismo prachandista del PCNU(m) acabó haciéndole el juego, lo que a la postre significó la liquidación del MRI, como decimos, a manos del revisionismo centrista.

Con todo esto no hemos querido sino dejar lo más claro posible que el centrismo, al igual que el izquierdismo y el derechismo, debe ser combatido sin vacilaciones. Deslindar campos con esta vertiente es una necesidad política si pretendemos volver a poner los cimientos ideológicos y políticos que permitan volver a recomponer el Partido de Nuevo Tipo necesario para la revolucionarización del mundo. El mismo Lenin nos recordaba incesantemente la lucha sin cuartel que llevaron los marxistas revolucionarios contra el “centro” desde la Komintern:

“La consigna del I y del II congresos fue: “¡Abajo los centristas!” Si no rompemos en toda la línea y en todo el mundo con los centristas y semicentristas, que en Rusia llamamos mencheviques, no podemos aprender ni siquiera el abecé del comunismo.” (27)

A nuestros antiguos camaradas, para dar por concluido este comunicado, les planteamos una disyuntiva: podéis seguir anatemizándonos con bagatelas y menudencias, animus injuriandi, que en nada contribuye a la vanguardia, vilipendiando a su vez a otros colectivos del movimiento reconstitucionista de puertas para adentro; o podéis romper de manera decidida con lo viejo, posicionaros respecto a la Línea de Reconstitución, y contribuir a la reconstitución ideológica del comunismo, planteando si consideráis necesario esa “célebre” crítica hacia la Nueva Orientación que de manera tan reiterada han anunciado algunos de vuestros camaradas, no olvidando que la tarea que abordamos los marxistas revolucionarios, los que pretendemos reconstituir el Partido Comunista, es una labor colectiva.

Nueva Dirección Revolucionaria

Agosto de 2014

(1) Lenin: la coherencia de su pensamiento, Georg Lukacs.

(2) Sobre la praxis, documento-réplica de la vieja camarilla del FRML a nuestra propuesta.

(3) Sobre la formación, documento-réplica de la vieja camarilla del FRML a nuestra propuesta.

(4) Sobre la praxis, documento-réplica de la vieja camarilla del FRML a nuestra propuesta.

(5) Tesis sobre la desviación de derecha, CC del PCR (2004).

(6) Dichos y hechos, FRML. http://frml.es/post/84744369664/dichos-y-hechos

(7) Rectificación de las ideas erróneas en el Partido, Mao Tse-Tung. [Las negritas son nuestras]

(8) Sobre la praxis, documento-réplica de la vieja camarilla del FRML a nuestra propuesta.

(9) Sobre la formación, documento-réplica de la vieja camarilla del FRML a nuestra propuesta.

(10) Sobre la praxis, documento-réplica de la vieja camarilla del FRML a nuestra propuesta.

(11) Tesis sobre la desviación de derecha, CC del PCR (2004).

(12) Reformemos nuestro estudio, Mao Tse-Tung.

(13) Para conocer más sobre esta cuestión recomendamos textos como: El Partido Comunista del Perú. Reconstitución y Guerra Popular (Revolución o Barbarie), Línea de construcción de los tres instrumentos de la revolución (PCP) o la Entrevista al Presidente Gonzalo.

(14) El izquierdismo: la enfermedad infantil en el comunismo, Lenin. [Las negritas son nuestras]

(15) Sobre la praxis, documento-réplica de la vieja camarilla del FRML a nuestra propuesta.

(16) Por poner un ejemplo, este extracto de Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana de Friedrich Engels:

“Los filósofos se dividían en dos grandes campos, según la contestación que diesen a esta pregunta. Los que afirmaban el carácter primario del espíritu frente a la naturaleza, y por tanto admitían, en última instancia, una creación del mundo bajo una u otra forma (…), formaban en el campo del idealismo. Los otros, los que reputaban la naturaleza como lo primario, figuran en las diversas escuelas del materialismo.”

(17) I Tesis de Feuerbach de Karl Marx:

“El defecto fundamental de todo el materialismo anterior -incluido el de Feuerbach- es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo. (…) Feuerbach quiere objetos sensoriales, realmente distintos de los objetos conceptuales; pero tampoco él concibe la propia actividad humana como una actividad objetiva. (…)”

(18) Sobre la praxis, documento-réplica de la vieja camarilla del FRML a nuestra propuesta.

(19) Para un magnífico análisis acerca de este tema recomendamos el texto de los camaradas del MAI: Debate con la UCCP. Alrededor de la ciencia y la praxis revolucionaria.

(20) La ideología alemana, Karl Marx y Friedrich Engels.

(21) Sobre la praxis, documento-réplica de la vieja camarilla del FRML a nuestra propuesta.

(22) Discurso en defensa de la táctica de la Internacional Comunista, 1 de julio (1921), Lenin.

(23) IV Tesis de Feuerbach, Karl Marx.

(24) Brevemente sobre las discrepancias en el seno del Partido, Stalin.

(25) Reconstrucción Comunista: http://blog.reconstruccioncomunista.org/2014/05/reconstitucion-de-rc-en-castello.html

(26) La Bancarrota de la II Internacional, Lenin.

(27) Discurso en defensa de la táctica de la Internacional Comunista, 1 de julio (1921), Lenin.

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3 respuestas a El discreto encanto de la burguesía

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